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Iris, la clavadista de Acapulco

Es mediodía en Acapulco. Hace calor. El sol está en su punto más alto. El agua del mar, de un azul intenso y el cielo despejado, sin una nube, reflejan la imagen del típico paraíso tropical.

Mariusa Reyes,
BBC Mundo, México

Esta parte de Acapulco, La Quebrada, no es la más popular hoy en día. Tuvo sus días de gloria, cuando venían aquí famosos actores y actrices de Hollywood, de la talla de Elizabeth Taylor, Frank Sinatra, Cole Porter, Johnny Westmuller, mejor conocido como "Tarzán".

Sin embargo, el lugar retiene el encanto y la fama que le dan los clavadistas que se lanzan a diario desde lo más alto del peñasco, de unos treinta y cinco metros de altura, hacia un estrecho canal de aguas verdiazules, que tiene una profundidad de apenas cuatro metros.

Desde un mirador especial construído precisamente frente al peñasco, cientos de turistas, mexicanos y extranjeros, observan en silencio como los clavadistas, con sus esbeltos y bien formados cuerpos, se trepan por las rocas para buscar las posiciones desde las cuales lanzarse.
Iris Alvarez junto a su padre
Su padre es quien la entrena y la motiva.
El público, expectante, permanece en silencio mientras los clavadistas se concentran, se persignan y miran nerviosos hacia abajo, calculando el momento oportuno para saltar.

Cuando lo hacen y sus cuerpos chocan con el agua la gente que los observa, al unísono, emiten suspiros de admiración. Al verlos salir de nuevo, los aplausos se escuchan generosos y los rostros de los espectadores lucen aliviados.

Joven y mujer, rompiendo récords

Entre el grupo de hombres, vestida con un traje de baño entero negro, destaca una figura femenina. Su presencia y su clavado cautiva a todos.
La Quebrada
En el pasado Elizabeth Taylor y otros famosos se asoleaban en esta zona de Acapulco.
A sus trece años, Iris Alvarez es como cualquier otra muchacha de su edad. Todavía niña, pero ya con cuerpo de mujer. Ingenua y al mismo tiempo curiosa. Divertida y coqueta.

En lo que si no se parece a ninguna otra chica es en lo que hace aquí, algunas veces después de sus clases y los fines de semana: lanzarse desde 12 metros de altura de este famoso y legendario peñasco de La Quebrada.

Iris no es sólo la más joven sino la única mujer clavadista en un mundo reservado casi exclusivamente para los hombres. Por eso mismo acaba de ingresar al libro de Récords Guinness.

Iris tiene muy claro que "cuando sea grande" quiere convertirse en la primera mujer clavadista profesional de México.

"Yo quiero ser una clavadista profesional, participar en campeonatos internacionales y vivir toda esa emoción. Esto es lo que me gusta", dijo Iris a BBC Mundo, mientras acariciaba en su regazo a su mascota, una perrita que la acompaña a todas partes.

A mi me gusta sentir la adrenalina en mi cuerpo, el viento en mi cara, la emoción que me da estar parada allí en la roca, esperando mi turno
Iris Alvarez
Cuando habla de su carrera futura, a Iris le brillan los ojos. Está convencida de lo que quiere. Asegura que aunque siente un poco de temor al lanzarse, sabe que eso es parte de esta actividad.

"A mi me gusta sentir la adrenalina en mi cuerpo, el viento en mi cara, la emoción que me da estar parada allí en la roca, esperando mi turno", comenta Iris.

Cuando le pregunto si no le da miedo lanzarse, me responde que sí, que "un poquito", pero que lo controla porque de lo contrario los nervios "me pueden traicionar".

Su madre, Jasmín, dice sentirse orgullosa de ella.

"Yo me siento muy orgullosa, porque donde quiera que vamos la gente me dice cosas lindas sobre mi hija. Me siento bien de tener una hija importante. Realmente yo espero que ella pueda lograr lo que se propone", comentó sin ocultar que está consciente del riesgo físico que su hija corre cada vez que se lanza al estrecho y poco profundo canal.

Tradición familiar

Iris pertenece a una familia donde los hombres, casi todos, han sido clavadistas. Su abuelo paterno fue uno de los primeros en lanzarse de La Quebrada. Tiene un tío por parte de su papá que también es clavadista, y por supuesto, su padre, José Luis Alvarez, comenzó a lanzarse desde que tenía catorce años. Ahora, a los treinta, es él quien entrena y motiva a su hija.
Iris Alvarez
Antes de saltar, Iris se concentra.
"Yo primero la traje aquí cuando estaba más chiquita, como de cinco años, para que aprendiera a nadar. Poco a poco comenzó a gustarle esto. Veía como nos lanzábamos nosotros, y ya a los seis o siete años empezó a tirarse de clavado desde un metro de altura", relató Jose Luis a BBC Mundo.

A los ocho años, ya Iris se tiraba haciendo un tipo de clavado que en el argot que usan aquí se llama de "avión", que es con los brazos abiertos y alzados a cada lado, como si se tratara de un planeador.

Con el tiempo, Iris fue escalando el peñasco cada vez más arriba para lanzarse de más altura. Hoy en día se lanza de 12 metros, y ya ha comenzado a agregar algunos metros más.

Sus compañeros de clavado, todos hombres, la admiran mucho. Con su atlética figura, su piel bronceada y su largo cabello negro que siempre amarra en una trenza para que no le moleste al lanzarse, Iris es la consentida de todos.

"Nosotros la admiramos mucho, porque se tira, y se tira bien. Creo que le gana a muchos jóvenes aquí. Ojalá Dios quiera que logre su objetivo, y que yo esté aquí para poder verla", dijo a BBC Mundo Ricardo Flores, un experimentado clavadista que lleva 30 años en esta actividad.

Fantasía y heroísmo

La vida de un clavadista no es fácil. Los riesgos son grandes y ganan poco dinero. La compensación parece ser la emoción de la aventura y la fama.
Es un mundo de fantasía y de heroísmo. Mucho de esto tiene que ver con ser el centro de atención. Uno de los clavadistas que entrevisté para el libro me contó, que había conocido a Brigitte Bardot y a James Cann.
Barbara Kastelein, periodista
"Es un mundo de fantasía y de heroísmo", me explica Barbara Kastelein, una periodista británica que está a punto de publicar un libro sobre los calavadistas de Acapulco, titulado "Héroes del Pacífico".

"Mucho de esto tiene que ver con ser el centro de atención, la gente se quiere tomar fotos con ellos. Uno de los clavadistas que entrevisté para el libro me contó, que había conocido a Brigitte Bardot y a James Cann. Ellos se sienten muy orgullosos de lo que hacen", comenta la periodista.

Los clavadistas de La Quebrada son gente que viven de manera humilde y sencilla. Tienen un fuerte sentido de comunidad y mucho sentido del humor.

Y lo más importante aún, tienen muy claro que son parte de algo legendario, una tradición que se ha mantenido durante siete décadas.




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